El salvavidas también tiene que respirar
Cuidarse no es dar la espalda: es prepararse para seguir ayudando.
El salvavidas también tiene que respirar
Hace años escuché algo sobre los salvavidas que nunca olvidé. Cuando están rescatando a alguien y la corriente los arrastra hacia las piedras, no ponen su cuerpo entre las rocas y la persona que intentan salvar. A primera vista parece extraño, hasta egoísta. Uno imagina el rescate como sacrificio absoluto: recibir el golpe, proteger al otro, ofrecer el cuerpo como escudo. Pero si el salvavidas se golpea la cabeza y pierde el conocimiento, probablemente se ahoguen los dos. Quien rescata también tiene que cuidarse.
He pensado mucho en eso estos días.
Después de los terremotos en Venezuela, entre imágenes que cuesta mirar y de las que también cuesta apartarse, mucha gente parece debatirse entre seguir adelante o detenerse. Entre volver al trabajo o no hacerlo. Entre publicar o guardar silencio. Entre permitirse una conversación normal, una comida, una noche de sueño, o sentir que cualquiera de esas cosas es una falta de respeto hacia quienes hoy están sufriendo.
No creo que lo sea.
Volver al trabajo no es traicionar a las víctimas. Dormir no es abandonar. Reír durante un momento no significa que no nos importe. Hay cansancios que no se curan insistiendo, y hay ayudas que solo son posibles si quien ayuda conserva fuerzas para mañana. Porque mañana también hará falta. Esta tragedia tiene una urgencia evidente ahora mismo, pero después vendrá la reconstrucción, el acompañamiento a quienes lo perdieron todo, las consecuencias económicas, sociales y emocionales que se irán revelando con el tiempo. Para eso necesitaremos resistencia más que velocidad.
Un padre puede quitarse la comida de la boca para dársela a sus hijos. Esa imagen la entendemos todos sin explicación. Pero ese padre también tiene que comer, dormir, conservar fuerzas. No porque se quiera más a sí mismo, sino porque quiere seguir estando allí mañana. Tal vez debamos pensar la ayuda de la misma manera: atender lo urgente, organizar lo importante, planificar lo que tomará tiempo. Cuidar nuestra salud mental. Entender cuánto podemos mirar, cuánto podemos escuchar, cuánto dolor podemos procesar antes de necesitar unas horas de distancia. No para olvidar. Para poder volver.
Y esto ocurre, además, en un tiempo extraño, en el que casi todo parece susceptible de convertirse en contenido. Una opinión, una pelea, una enfermedad, una guerra, un duelo. También una tragedia.
Por eso quiero ser claro en algo: no hay nada malo en volver al trabajo. Una empresa puede seguir funcionando, un restaurante puede abrir, un profesional puede ofrecer sus servicios. Hay familias que sostener y vidas que continúan incluso cuando el mundo parece haberse detenido. La frontera está en otro lugar. Una cosa es trabajar a pesar de la tragedia. Otra muy distinta es hacer que la tragedia trabaje para uno, convertir el dolor en oportunidad y a las víctimas en escenografía, tratar el terremoto como cualquier tendencia de la semana y ajustar el contenido no para ayudar, sino para aprovechar. No siempre es fácil distinguir una cosa de la otra. Pero a veces sí. Y estos días lo hemos visto.
No estamos mirando esta tragedia desde barcos distintos. Estamos en el mismo. Si entra agua por un lado, no está entrando agua “por el lado del otro”, está entrando en el barco en el que vamos todos. Quizá algunos estén más cerca del agujero. Quizá otros todavía tengan los pies secos. Pero el agua sube. Y por eso no basta la suma de gestos individuales: hace falta coordinación, criterio, gente capaz de reconocer qué sabe hacer y qué no, que ayude donde puede ayudar y se aparte cuando su intervención estorba.
El salvavidas tiene que proteger su cabeza. Medir sus fuerzas. Entender la corriente. Saber cuándo avanzar, cuándo rodear las piedras, cuándo pedir ayuda. Su trabajo no es demostrar cuánto está dispuesto a sufrir. Es conseguir que ambos lleguen vivos a la orilla.
Esto va a tomar tiempo. Va a exigir paciencia, criterio y humanidad. Y va a exigir algo que a veces repetimos tanto que termina pareciendo consigna: estar juntos. Pero esta vez no como hashtag ni como una palabra sobre una imagen diseñada para conseguir likes. Juntos porque el barco es el mismo. Juntos porque nadie se salva solo.
Recursos que recomiendo.
Hay muchos recursos, muchas iniciativas, mucha gente tratando de ayudar…y ayudando! Aqui solamente pongo varias porque creo que no hay que atomizar los recursos y el foco.
Directorio general de iniciativas ciudadanas (coordinado por Marianne Díaz, agrupa casi todo lo que existe)
https://terremotove.netlify.app/recursos
World Central Kitchen — el chef José Andrés lleva alimentos a voluntarios y afectados en distintas zonas del país
https://donate.wck.org
Yummy — prestaron su plataforma para recibir donaciones, hacen match de lo que llega, y trasladan gratis a quienes necesitan llegar a refugios
https://dona.yummyrides.com
Efecto Red — con apoyo de la gente de Yummy, si eres profesional y quieres ayudar a la gente en Venezuela, regístrate aquí (puedes estar dentro o fuera de Venezuela) https://efecto-red.com/
Hogares Bambi — más de 30 años ayudando a niños en Venezuela, ahora atienden a los más pequeños afectados por el terremoto
https://hogarbambi.org/donar-ahora/
Base de datos de desaparecidos — colaborativa, más de 50.000 registros, ya conectó a más de 12.000 personas con sus familias https://desaparecidosterremotovenezuela.com
Conecta Venezuela — centraliza recursos y los conecta con quienes los necesitan
https://www.enlazavenezuela.com






Un texto que nos alivia el alma y la mente a muchos. Estos pensamientos me han pasado por la cabeza todos estos días y sé que hablo por muchos que estamos fuera y también que están dentro de Venezuela. Esta ha sido una catástrofe que ha sacado en muchísimos casos, lo mejor del venezolano y en otros deja evidencia de actos quizás no tan humanos. Sin embargo, lo que si hay que rescatar es que podemos seguir adelante sin olvidar, podemos seguir adelante descansando. Podemos seguir cumpliendo años dándole gracias a Dios porque podemos, podemos seguir disfrutando de nuestra familia porque podemos y de igual manera seguir trabajando para tener energía y recursos y seguir ayudando. Muchas gracias Guillermo