Para esta primera entrega del año quería hablar de algo que vengo sintiendo desde hace tiempo: la fatiga del ruido constante. La sensación de estar siendo atacados por demasiadas cosas al mismo tiempo, tantas que, paradójicamente, hoy la realidad parece ser el lugar al que escapamos para descansar de las redes sociales y de la desinformación.
Lo analógico lleva un tiempo regresando, y no por nostalgia gratuita. Yo llevo años hablando de eso: comprando discos de pasta, retomando formatos como el walkman, volviendo a los libros físicos (o digitales, pero leídos sin distracciones), a lo artesanal, incluso cuando está hecho con ayuda de la tecnología. No tener que estar conectados todo el tiempo. Creo que ahora ese regreso se siente más fuerte porque estamos saturados de información, de imágenes que no sabemos si son reales o generadas, de dudar constantemente de la verdad y de acostumbrarnos a lo artificial.
En las últimas semanas hice una especie de detox. No exagerado (sigo leyendo, come…




